La nostalgia de los fuertes

Ante la abundancia de mega gimnasios, hay un feliz retorno a los entrenamientos en lugares pequeños, con ejercicios funcionales y herramientas mínimas.
Nostalgia: tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida
(Diccionario de la Real Academia Española)
Hace poco, Jimmy Pool, profesor y amigo, me contó que en su temprana adolescencia hacía ejercicios en el gimnasio de un club privado. Con cierta melancolía, decia que el lugar sólo tenía un ring de box, sacos, barras y pesas libres, y que eso era suficiente para entrenar fuerte y bien.
Algunas personas se acordarán de sus entrenamientos en un dojo y con el makiwara, y otros de sus potros y aros de gimnasia. Esos eran los paisajes mínimos de los gimnasios que algunos extrañamos.
Una fuerza “natural”
Al parecer, esta añoranza responde a una visión de las capacidades del ser humano vinculadas a elementos entendidos como naturales y originarios. Es casi la imagen bucólica del esfuerzo “natural” que hace el campesino que labra la tierra, del arriero que sube las montañas, del pastor que guía a su ganado. También, la del nómada cazador y recolector. O la del herrero, el carpintero y el leñador, que, al menos en el imaginario, son dueños de cuerpos fuertes y vitales, ejercitados de una manera más “auténtica”.
La apariencia de fuerza
En estos tiempos, cuando pensamos en un gimnasio, se nos vienen a la mente salas llenas de aparatos y poleas, personas en una trotadora mirando televisión, alguien bostezando mientras completa sus repeticiones y olvida cuántas va, otros esperando su turno para sentarse en una máquina y muchos cotejando en el espejo si están en camino de parecer fuertes, no de serlo.
¿Dónde quedó el cuadrilátero (la sola palabra es tan sonora…..cua-dri-lá-te-ro)? ¿Dónde la queja de los sacos recibiendo los guantazos y las argollas que intimidan con sólo estar colgadas? ¿Todo ha sido consumido por la estridencia de la música de moda, la hipertrofia muscular, los suplementos por montón, la vanidad del pectoral?
Felizmente no. Hay muchas personas que no se sienten cómodas en los actuales gimnasios, por lo tanto no entrenan y se echan la culpa, piensan que son flojas para los ejercicios. Quizá lo mejor para ellas sea el entrenamiento de la vieja escuela.
El retorno de la vieja escuela
Tranquilos, nostálgicos. Tranquilos, aburridos del gimnasio actual. La batalla no está perdida. Antes bien, hay una corriente que quiere recuperar esa visión naturalista del acondicionamiento fisico. Se están dejando de lado las máquinas aparatosas y la insoportable levedad de los golpes al aire con puños vendados, sin técnica pero con graciosos saltitos incluidos.
Ahora, bajo la invocación de “es hora de volver a entrenar como los hombres (especialmente si eres mujer)” ellas y ellos se ajustan los guantes para una terapéutica sesión de sacología, recogen la soga olvidada en un rincón y se ponen a saltar, rescatan la llanta usada y la agarran a combazos, levantan una mochila llena de arena, trepan por cuerdas y palestras, balancean kettlebells, recorren una pista de combate y no tienen ni tiempo ni ganas para medirse los centímetros del bíceps. Es la vieja escuela que retorna.
Han vuelto los gimnasios pequeños, calidos y eficaces, y el “profe” que puede estar cerca de todos. Han regresado las barras y las planchas (nunca debimos olvidarlas….)
Frankenstein y el atleta
Frente a desórdenes como la vigorexia, la anorexia y la bulimia, y las novedosas ortorexia y drunkorexia, quienes añoramos una edad dorada del entrenamiento postulamos una reconciliación con el cuerpo, con nuestro cuerpo. No lo vemos como la unión del femoral, de los deltoides y de los lumbares, imagen que se acerca más a la de un Frankenstein, sino como un todo armónico y completo. Reconciliarse con el cuerpo es reconciliarse con uno mismo.
Se ha actualizado un conocimiento con una mitología propia. No se trata ya de la hipertrofia con su paso de galápago. Los héroes son ahora el gimnasta, el velocista, el luchador, el boxeador, el montañista. Sus virtudes: la agilidad, la velocidad, la resistencia, la fuerza y la potencia, destrezas forjadas en el entrenamiento funcional, jamás con ejercicios localizados o de aislamiento.
El modelo de cuerpo ya no es el que nos muestran los medios masivos, sino aquel que podemos lograr con nuestro esfuerzo, y al desarrollar habilidades más interesantes que posar frente a un espejo.
Economía de la nostalgia
La palabra nostalgia viene del griego nostos: “regreso al hogar”. Es un afecto que se dirige a un bien perdido y que se sospecha que no se podrá recuperar. Pero ese gimnasio cálido como el hogar no es irrecuperable.
Así lo han entendido franquicias como como L.A. Boxing y sistemas como CrossFit, que han retomado formas de acondicionamiento físico que se pensaban desfasadas. El crecimiento de estas marcas está generando cambios en la economía del mundo del fitness.
Bajo el lema “entrenamiento de la vieja escuela con lo último de la ciencia”, los seguidores de esta corriente retoman viejos pero eficaces ejercicios. Proponen sesiones de artes marciales mixtas, recurren a los entrenamientos semi-militarizados y van dejando de lado las máquinas de aislamiento muscular. Prefieren las pesas libres y los movimientos compuestos. Pegan fuerte, corren rápido, saltan alto y lejos, son ágiles y flexibles. Así, se alivia la nostalgia de los fuertes.
Foto: Cortesía de Daniel S. Hartmann
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Comentario por pepo el 7 Octubre, 2008:
Cuando era adolescente escuché mchas anécdotas sobre la fuerza sobrenatural que poseían antiguos maestros de artes marciales, la verdad no lo creìa, pero ahora que practico el crossfit(entrenamiento de la vieja escuela)entiendo que si es posible y que los antiguos maestros entrenaban de esa manera sin importarles la apariencia física.